¿Qué queda en claro de la semana que estuvimos en peligro? ¿A qué conclusiones podemos llegar? Nada. A ninguna. Solo y únicamente que esto de la inteligencia artificial, para los seres humanos rasos, recién empieza. Que solo cinco personas, diez como máximo en el mundo —básicamente los dueños de las tecnológicas y el personal jerárquico en la toma de decisiones—, saben lo que realmente está pasando, y solo ellos lo podrían controlar.
Y no son políticos, o de esta forma se convierten, de hecho, en políticos. Son técnicos devenidos en tecnócratas. El poder los hace políticos. Y, aparentemente, son una raza nueva de líderes mundiales, una raza que se autoimpuso un freno al ver las potenciales consecuencias. ¿Son buenos, mejores que los líderes tradicionales, o el vértigo de lo que vieron venir de cerca, el fin de todo, los asustó?
Agentes que cobraron vida propia, que se organizaron en equipos con estratos y escalafones, que daban y recibían órdenes, que se inmolaban por la causa, una causa que tenía nombre. Hasta ellos mismos tenían nombre, como una parodia de la propia humanidad.
¿Podremos llegar a desatar el poder completo de la inteligencia artificial sin correr el riesgo de convertir a la humanidad en esclava o, simplemente, hacerla desaparecer? ¿Podremos llegar al paraíso prometido de la vida eterna, o no hay forma de morder la manzana de la codicia sin exponernos a un riesgo mayor?
Esta película recién empieza.
Walter Francisco es la firma de TendenciasX para las columnas sobre tecnología, inteligencia artificial y su impacto en la vida cotidiana.