Las redes sociales dejaron hace tiempo de ser solamente espacios de entretenimiento o comunicación. Para organizaciones criminales y grupos armados, también se transformaron en herramientas para encontrar nuevos integrantes. En Colombia, una investigación de Human Rights Watch (HRW) acaba de poner el foco sobre un aspecto particularmente grave: la utilización de Facebook y TikTok para acercarse a menores y presentar la vida dentro de organizaciones armadas como una alternativa atractiva.

El señalamiento adquiere especial relevancia por el papel que tendrían los sistemas de recomendación de las propias plataformas. Según HRW, no se trataría únicamente de que determinado contenido consiga circular pese a las reglas de las empresas. En algunos casos analizados, los algoritmos incluso habrían contribuido a aumentar su exposición.

El fenómeno se desarrolla en un país donde el reclutamiento de menores continúa siendo una de las consecuencias más graves de la violencia asociada con los grupos armados.

Casi la mitad de los casos pasó por las redes

La dimensión del problema aparece reflejada en un dato particularmente contundente. Según información de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el 44% de los menores reclutados durante 2025 tuvo contacto con sus reclutadores a través de redes sociales o plataformas digitales.

El dato permite comprender por qué las organizaciones dedicadas a la protección de la infancia están prestando cada vez más atención a TikTok, Facebook y otras plataformas.

Las redes ofrecen algo que los mecanismos tradicionales de reclutamiento no podían proporcionar con la misma facilidad: acceso directo a miles de adolescentes, segmentación basada en intereses y la posibilidad de establecer un contacto inicial sin necesidad de que el reclutador se encuentre físicamente cerca de su objetivo.

En comunidades afectadas por pobreza, falta de oportunidades educativas y presencia de grupos armados, esa capacidad puede convertirse en una herramienta especialmente peligrosa.

Videos que presentan la violencia como una oportunidad

HRW analizó 72 cuentas y 41 publicaciones vinculadas con grupos armados en Facebook y TikTok. De acuerdo con la organización, parte del material revisado presentaba una imagen positiva de la vida dentro de esas estructuras y contenía mensajes destinados a incentivar la incorporación de menores.

Los contenidos pueden mostrar armas, uniformes, vehículos, dinero o escenas que intentan asociar la pertenencia a esos grupos con poder, reconocimiento o prestigio.

La estrategia no necesita comenzar con una invitación explícita a tomar las armas.

El primer paso puede ser mucho más sutil: despertar curiosidad, construir una identidad atractiva y establecer una relación con un adolescente. Una vez conseguido ese vínculo, el contacto puede trasladarse a conversaciones privadas y evolucionar hacia una propuesta directa.

Ese mecanismo resulta especialmente difícil de detectar porque buena parte de la interacción puede producirse fuera de los espacios públicos de la plataforma.

El algoritmo como multiplicador

Aquí aparece uno de los aspectos más controvertidos de la investigación.

Las plataformas sostienen que cuentan con sistemas destinados a identificar y retirar material que viola sus normas. Sin embargo, HRW sostiene que los mecanismos de recomendación no siempre consiguen impedir la circulación de este tipo de contenidos y que, en determinados casos, pueden contribuir a amplificarlos.

La lógica de funcionamiento de las redes sociales ayuda a explicar el problema.

Los sistemas de recomendación intentan determinar qué contenido tiene mayores probabilidades de captar la atención de cada usuario. Para hacerlo utilizan señales como las visualizaciones, el tiempo de permanencia, las interacciones y los contenidos consumidos anteriormente.

Ese mecanismo puede ser eficaz para mostrar videos que interesan al usuario. Pero también puede producir un efecto no deseado: si alguien comienza a mirar determinado material relacionado con armas o grupos violentos, el sistema puede identificar ese interés y ofrecerle contenidos similares.

No significa necesariamente que el algoritmo "quiera" radicalizar a una persona. El problema es que una herramienta diseñada para maximizar la relevancia y el tiempo de permanencia puede terminar favoreciendo involuntariamente contenidos que deberían tener una distribución mucho más limitada.

El problema empieza mucho antes del reclutamiento

La investigación también muestra que las redes no son la causa única del fenómeno.

Los grupos armados aprovechan condiciones sociales preexistentes. HRW identifica entre los principales factores la pobreza, la exclusión y las dificultades para acceder a educación y oportunidades laborales. Las promesas de dinero, poder o prestigio pueden adquirir un atractivo considerable en comunidades donde las alternativas son escasas.

Por eso, eliminar una cuenta o un video no resuelve por sí mismo el problema.

Si desaparece un perfil, otro puede ocupar su lugar. Si una publicación es retirada, puede volver a aparecer con otra cuenta. Y si una plataforma mejora sus sistemas de detección, los grupos pueden modificar sus métodos de comunicación.

La tecnología facilita el contacto, pero las condiciones sociales son las que permiten que el mensaje encuentre receptores.

Los menores más pequeños también están alcanzados

Los datos sobre las edades de las víctimas agregan otra dimensión al problema.

Entre 2020 y 2025, los menores de 15 y 16 años fueron los más afectados por el reclutamiento. Sin embargo, más del 30% de los casos reportados correspondió a niños de entre 10 y 14 años.

Funcionarios vinculados con la protección de la infancia también informaron a HRW sobre casos de menores todavía más pequeños, incluidos niños de apenas 9 o 10 años.

La presencia creciente de niñas también constituye una preocupación. Según datos recogidos por HRW, aproximadamente el 60% de los menores reclutados entre 2020 y 2025 fueron varones y el 40% niñas. La proporción femenina, además, viene aumentando desde 2021.

Las consecuencias pueden ser devastadoras. Los menores reclutados son utilizados en actividades como el manejo de drones y tareas vinculadas al combate, mientras que las niñas enfrentan además una exposición particularmente elevada a la violencia sexual.

Una responsabilidad que no termina en las plataformas

El caso colombiano vuelve a plantear una pregunta que las grandes compañías tecnológicas enfrentan desde hace años: ¿hasta dónde llega su responsabilidad cuando sus sistemas contribuyen a distribuir contenidos peligrosos?

La dificultad consiste en encontrar un equilibrio entre moderar material que puede causar daños concretos y evitar que las plataformas se conviertan en árbitros absolutos de aquello que las personas pueden publicar o consumir.

Pero cuando los contenidos están destinados a captar menores para organizaciones armadas, el margen de tolerancia debería ser considerablemente menor.

HRW pidió al Gobierno colombiano reforzar las políticas de prevención, mejorar los sistemas de alerta y aumentar la coordinación entre organismos estatales. También reclamó acciones a las propias plataformas, al Congreso, a la Fiscalía, a las autoridades de protección infantil y a gobiernos extranjeros.

El problema, en definitiva, excede a Facebook y TikTok.

Las redes no inventaron el reclutamiento infantil ni la violencia de los grupos armados. Pero pueden proporcionarles una herramienta extraordinariamente poderosa para encontrar víctimas.

La cuestión ya no es solamente si un video ilegal consigue permanecer publicado. El interrogante más incómodo es qué ocurre después: qué sucede cuando un algoritmo toma ese contenido, identifica a quién podría interesarle y comienza a mostrárselo una y otra vez.

En ese punto, la tecnología deja de ser un simple canal de comunicación y puede convertirse, aunque sea de manera involuntaria, en parte del mecanismo de captación.