La epidemia provocada por el virus Bundibugyo se convirtió en la mayor registrada en la República Democrática del Congo. Las autoridades sanitarias enfrentan dificultades para rast…
La epidemia provocada por el virus Bundibugyo se convirtió en la mayor registrada en la República Democrática del Congo. Las autoridades sanitarias enfrentan dificultades para rastrear los contagios, mientras la enfermedad avanza por seis provincias y los recursos disponibles comienzan a ser insuficientes.
La República Democrática del Congo atraviesa una de las crisis sanitarias más graves de los últimos años. El brote de ébola que comenzó en 2026 continúa creciendo a un ritmo que preocupa a los organismos internacionales y ya superó ampliamente la magnitud de la epidemia registrada entre 2018 y 2020.
Los últimos datos disponibles muestran la dimensión del problema. Hasta el 20 de agosto se habían confirmado 5.290 casos y 2.516 muertes en el país, según información recopilada por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. En apenas un día se incorporaron 81 nuevos casos confirmados y 40 fallecimientos a los registros.
La velocidad de expansión es uno de los principales motivos de alarma. La Organización de las Naciones Unidas advirtió que el brote está creciendo de manera exponencial y que la enfermedad se está extendiendo por un territorio que ya supera en superficie al de Francia.
El actual brote también se convirtió en el más grande registrado en la historia de la República Democrática del Congo. La epidemia de 2018-2020, que hasta ahora era la más importante del país, había acumulado 3.317 casos. El nuevo brote ya superó ampliamente esa cifra.
Una variante que complica todavía más la respuesta
El responsable de la epidemia es el virus Bundibugyo, una especie de ébola diferente de la que provocó algunas de las grandes epidemias anteriores en África occidental.
El problema es que para esta variante todavía no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado. La Organización Mundial de la Salud trabaja junto con las autoridades congoleñas y otros organismos para evaluar herramientas que puedan ayudar a controlar la transmisión.
El 20 de agosto, la OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África anunciaron la asignación de 70.000 dosis de la vacuna Ervebo para la República Democrática del Congo. Esta vacuna demostró eficacia contra el virus del Ébola de Zaire, pero todavía debe evaluarse su capacidad para proteger frente al Bundibugyo.
La situación obliga a los especialistas a trabajar con una herramienta que fue desarrollada para otra variante mientras la ciencia intenta determinar cuánto puede ayudar en el brote actual.
El verdadero tamaño de la epidemia podría ser todavía mayor
Las cifras oficiales tampoco necesariamente reflejan la totalidad de los contagios.
Uno de los mayores problemas es que una parte importante de las infecciones no llega a detectarse. Según datos citados por Associated Press, los especialistas estiman que solamente entre el 30% y el 40% de los casos reales podrían estar siendo identificados.
La dificultad tiene varias explicaciones. Algunas personas presentan síntomas menos severos que los asociados tradicionalmente con el ébola y pueden tardar más tiempo en buscar atención médica. A esto se suman las enormes dificultades para realizar vigilancia epidemiológica en zonas afectadas por conflictos armados y desplazamientos de población.
El rastreo de contactos también se encuentra muy por debajo de lo necesario. Una proporción reducida de las personas que estuvieron en contacto con pacientes infectados puede ser localizada y seguida por los equipos sanitarios.
Eso genera un círculo difícil de romper: cuanto más difícil resulta identificar a los contactos, más posibilidades existen de que una persona infectada continúe circulando sin saber que tiene la enfermedad.
Seis provincias ya registran casos
El brote comenzó en la provincia de Ituri y posteriormente se extendió a otras zonas del país.
Los registros actuales muestran casos en seis provincias: Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Alto Uele, Tshopo y Bajo Uele.
Ituri continúa concentrando la mayor cantidad de contagios. Según la OMS, hasta el 12 de agosto reunía aproximadamente el 85% de los casos confirmados y el 79% de las muertes registradas en el país.
La expansión territorial complica todavía más una respuesta que necesita laboratorios, equipos médicos, ambulancias, centros de aislamiento y personal especializado en lugares donde la infraestructura sanitaria es limitada.
Los trabajadores de la salud también están pagando un precio elevado
El personal sanitario se encuentra entre los grupos más expuestos.
Más de 160 trabajadores de la salud fueron infectados y al menos 43 murieron, según los datos difundidos por Naciones Unidas.
A la amenaza del virus se suma otro problema: la violencia.
Durante los últimos meses se registraron más de 260 ataques contra trabajadores sanitarios, ambulancias e instalaciones médicas. El clima de desconfianza, las teorías conspirativas y el temor de algunas comunidades hacia los centros de tratamiento dificultan todavía más el trabajo de los equipos que intentan contener la epidemia.
La situación humanitaria de la región tampoco ayuda. La República Democrática del Congo lleva décadas atravesada por conflictos y desplazamientos, especialmente en las zonas orientales donde se concentra buena parte de la transmisión.
El dinero también empieza a convertirse en un problema
La capacidad de respuesta internacional depende de recursos que no son ilimitados.
Los responsables de la operación advirtieron que algunos fondos podrían agotarse en cuestión de semanas si no llegan nuevos aportes. Las dificultades para transferir dinero y pagar a los trabajadores que participan de la respuesta también están afectando las operaciones.
La Organización Mundial de la Salud considera que la participación de las comunidades será fundamental para controlar la enfermedad. Detectar rápidamente a los enfermos, localizar a quienes tuvieron contacto con ellos y conseguir que las personas acepten acudir a los centros de salud son tareas tan importantes como disponer de vacunas y medicamentos.
Por ahora, el escenario continúa siendo crítico. El brote ya es el mayor registrado en la historia del Congo y avanza a una velocidad que está poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades y de los organismos internacionales.
La prioridad es frenar la transmisión antes de que el número de contagios siga creciendo fuera del alcance de los sistemas de vigilancia. Con miles de casos confirmados, más de 2.500 muertos y nuevas zonas afectadas, el desafío ya no consiste solamente en contener un brote localizado: se trata de evitar que una emergencia sanitaria de escala histórica continúe expandiéndose.