Ed Sheeran solo en un estadio, sin banda, defendiendo su gira: es de lo más épico que dejó la música en vivo en los últimos años. Uno puede estar de acuerdo o no con su postura, pero plantarse frente a miles de personas, sin músicos que lo respalden, y dar la cara en vez de cancelar, tiene un valor que no abunda. Soy nuevo fan.

Qué pasó

El cantante británico salió a aclarar el conflicto que se desató dentro de su propio equipo de trabajo. Todo empezó semanas atrás, cuando el rapero Macklemore fue apartado de las presentaciones después de pronunciarse a favor de Palestina. Su salida provocó la renuncia de varios músicos de apoyo de la gira, en solidaridad con él.

En el Lincoln Financial Field, Sheeran se paró solo al frente del escenario y dio un extenso discurso. Calificó la situación en la Franja de Gaza como catastrófica, injustificable y desproporcionada, y reconoció que cometió errores en el manejo del conflicto con su equipo.

La pelea con los estadios

El músico también apuntó contra los dueños de los recintos: cuestionó que puedan exigir la aprobación previa del contenido de los shows antes de autorizarlos. Según explicó, esas presiones condicionaron el programa original de conciertos de los próximos meses.

Por qué importa

El caso muestra algo que se repite cada vez más en el espectáculo: los artistas quedan atrapados entre su público, su equipo y los dueños de los escenarios, y cualquier postura sobre un conflicto internacional tiene costo. Sheeran eligió seguir con las fechas para proteger a los trabajadores que dependen económicamente de la gira, a pesar de las críticas de activistas y referentes internacionales. Se le puede discutir la postura; lo que no se le puede discutir es que no se escondió.