Flávio Bolsonaro llegó primero, Lula quedó a dos puntos y las encuestas volvieron a equivocarse. Los candidatos chicos tienen la llave del balotaje del 25 de octubre. Y la ola de derecha que recorre América suma otra señal.
Brasil fue a votar el domingo con un guion escrito por las encuestas: Lula adelante, Flávio Bolsonaro persiguiéndolo, y la duda de si el presidente podía ganar en primera vuelta. El conteo rompió ese guion. Con el 100% de las mesas escrutadas, Flávio Bolsonaro (PL) obtuvo el 47,03% de los votos válidos, unos 56,1 millones. Lula da Silva (PT) sacó el 45,16%, 53,9 millones. La diferencia es de 1,87 puntos, algo más de 2,2 millones de votos.
Ninguno llegó al 50%, así que habrá segunda vuelta el 25 de octubre. Pero el dato político es otro: por primera vez desde que volvió al poder, Lula termina una elección detrás. Y el apellido Bolsonaro, que muchos daban por terminado tras la inhabilitación del padre, vuelve a ser el más votado del país.
Los ganadores
Flávio Bolsonaro. Hace un año era “el hijo de”. Hoy es el candidato que le ganó a un presidente en ejercicio en la primera vuelta. Su campaña evitó los excesos del padre, habló de seguridad, costo de vida y cambio, y logró que el antipetismo se ordenara detrás de él. Su frase de la noche fue simple: “Brasil necesita cambio”.
El Partido Liberal (PL). Es el gran ganador estructural. Ganó seis gobernaciones y se quedó con 19 de las 54 bancas del Senado que estaban en juego. Desde 2027 tendrá 28 de los 81 senadores, la primera bancada de la Cámara alta. Gane quien gane el balotaje, el próximo gobierno va a tener que negociar con el PL.
Los gobernadores de derecha. Brasil eligió 20 gobernadores en primera vuelta, un récord. Tarcísio de Freitas retuvo San Pablo con comodidad y queda como el gran nombre de la derecha para 2030. Sergio Moro, el exjuez del Lava Jato, ganó Paraná.
Los fenómenos de las urnas. Michelle Bolsonaro fue electa senadora por el Distrito Federal con más de 930.000 votos. Nikolas Ferreira y Lucas Pavanato superaron cada uno los 2,5 millones de votos como diputados, cifras de estrella de rock. Es una derecha joven, digital y con votos propios.
Javier Milei. El presidente argentino apostó fuerte: en julio atacó a Lula y respaldó abiertamente a Flávio. Si el balotaje confirma el resultado, Milei habrá ganado una apuesta diplomática riesgosa y tendrá un aliado ideológico en el principal socio comercial de la Argentina.
Los perdedores
Lula y el PT. Lula no perdió, pero perdió el aura. Llega al balotaje segundo, con un electorado que muestra cansancio después de cuatro años de gobierno y con una economía que no termina de convencer a la clase media. El PT ganó apenas 9 bancas en el Senado, entre ellas las de Rui Costa y Jaques Wagner, y retuvo Bahía con Jerônimo Rodrigues. Su discurso de la noche, “democracia contra fuerzas opuestas”, suena a 2022. El problema es que en 2026 el votante parece estar preguntando otra cosa.
El centro. Ronaldo Caiado, el gobernador de Goiás que buscaba ser la alternativa moderada, sacó apenas el 2,18%. La “tercera vía” volvió a fracasar. En un país polarizado, los moderados no tienen dónde pararse.
Las encuestas. Merecen capítulo aparte.
El peronismo. Dirigentes del PJ viajaron a Brasil a acompañar a Lula. Quedaron del lado que llegó segundo.
Las encuestas, otra vez
Ninguna encuestadora importante anticipó el resultado. Todas daban a Lula adelante:
- Datafolha: Lula 45%, Flávio 42%.
- Quaest: Lula 46%, Flávio 45%.
- AtlasIntel: Lula 47%, Flávio 44,1%.
- CNT/MDA: Lula 47,8%, Flávio 42,1%.
El voto a Flávio fue subestimado entre 2,3 y 5,2 puntos, según la encuestadora. No es la primera vez. Pasó en Brasil en 2018 y en 2022, pasó con Trump en Estados Unidos y pasó con Milei en la Argentina. Es siempre el mismo error en la misma dirección: el voto de derecha, y en especial el voto antisistema, aparece menos en las encuestas que en las urnas.
Las explicaciones habituales son dos. Una es el “voto vergonzante”: gente que no le dice al encuestador lo que va a votar. La otra es metodológica: los sectores que más desconfían de las instituciones también son los que menos contestan encuestas. Sea cual sea la causa, el resultado es que las encuestas ya no sirven como termómetro confiable cuando hay un candidato que encarna el enojo.
Qué van a hacer los chicos
Entre los candidatos que quedaron afuera suman cerca del 7% de los votos. Con una diferencia de menos de dos puntos, ese 7% decide la elección.
- Romeu Zema (Novo) fue el más rápido: apoya a Flávio. “El PT es atraso”, dijo.
- Augusto Cury (Avante), el psiquiatra y escritor que sacó el 2,89%, se declaró neutral: “Nadie está autorizado a hablar en mi nombre”.
- Renan Santos (Missão), 2,25%, también neutral, pero con una frase que lo dice todo: “No voto a un bandido”. Y agregó que espera que gane Flávio.
- Ronaldo Caiado (PSD), 2,18%, todavía no definió. Va a consultar con la conducción de su partido. “Caí de pie, con dignidad”, dijo.
Si se mira el perfil de esos votantes, la mayoría viene del antipetismo moderado. Ninguno de los cuatro candidatos tiende puentes hacia Lula. En el mejor de los casos para el PT, se quedan neutrales.
Hay un dato más que puede pesar más que todos ellos: la abstención. Votó el 78,92% del padrón. El 21,08% no fue a votar, unos 33,4 millones de personas, la cifra más alta desde 1998. A eso se suman un 1,84% de votos en blanco y un 2,93% de nulos. La segunda vuelta no se gana solo convenciendo indecisos; se gana yendo a buscar a los que se quedaron en casa. Ahí, la maquinaria territorial del PT es su mejor carta.
La conclusión: la ola tiene otra ola adentro
Brasil y Uruguay eran los dos grandes países sudamericanos que seguían gobernados por la izquierda. Brasil está ahora a un paso de cambiar de color.
El mapa regional ayuda a entender el momento. En los últimos dos años ganaron candidatos de derecha o centroderecha José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Daniel Noboa en Ecuador y Santiago Peña en Paraguay. Keiko Fujimori volvió a ser protagonista en Perú y Abelardo de la Espriella crece en Colombia. Arriba de todo está Trump en Estados Unidos, y Milei en la Argentina, que se volvió referencia de ese espacio.
Sería un error leer esto como una conversión ideológica masiva. Lo que se ve en las urnas se parece más a otra cosa: el voto castigo contra el que gobierna. Hace una década, ese voto castigo favoreció a la izquierda. Hoy favorece a la derecha porque, en buena parte de la región, la izquierda era el oficialismo. La gente vota contra la inflación, la inseguridad y la sensación de que nada cambia. Y vota con muy poca paciencia.
Esa impaciencia es la verdadera ola, y no tiene dueño. Le sirve a Flávio hoy, como le sirvió a Lula en 2022. Si gana el 25 de octubre, el nuevo presidente heredará la misma bomba: un electorado que ya no le regala a nadie más de un mandato de crédito.
Por ahora, el domingo dejó tres certezas. El bolsonarismo sobrevivió a Bolsonaro. El PT ya no es invencible en su terreno. Y las encuestas siguen sin entender al votante enojado. El resto se define en tres semanas.
Fuentes: Tribunal Superior Electoral de Brasil, Chequeado, Ámbito, Terra, Infobae e iProfesional.
Foto: Palácio do Planalto, Brasilia. Leandro Neumann Ciuffo / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).
Inés Valdés escribe en Internacionales. Cuenta el mundo para lectores argentinos: elecciones, conflictos e historias que dan la vuelta al planeta, siempre con la pregunta de qué nos toca a nosotros.