Las organizaciones delictivas dedicadas a la apropiación ilegal de campos en el norte argentino consolidaron un esquema de usurpación violenta que combina la tala clandestina de mo…

Foto: David Hiser / Wikimedia Commons (Public domain)
Las organizaciones delictivas dedicadas a la apropiación ilegal de campos en el norte argentino consolidaron un esquema de usurpación violenta que combina la tala clandestina de montes nativos, el abigeato y el control armado de los accesos en zonas limítrofes entre Salta y Santiago del Estero.
El aislamiento geográfico como ventaja operativa
El fenómeno delictivo encuentra terreno fértil en la inmensidad y la lejanía de las grandes extensiones rurales del este salteño. En los campos afectados, la ruta afirmada más cercana suele ubicarse a unos 11 kilómetros de distancia, un factor que, sumado a la precariedad de las señales de telecomunicación, aísla a los establecimientos productivos y dificulta la respuesta rápida de las fuerzas de seguridad ante una intrusión.
Las bandas aprovechan esta vulnerabilidad territorial para irrumpir en las estancias, expulsar a los cuidadores o mantenerlos bajo amenaza, y apropiarse de superficies que superan las mil hectáreas en algunos de los casos judicializados recientemente.
Puestos armados y control de los caminos internos
Una vez consumada la toma, los usurpadores despliegan una logística de ocupación territorial que incluye la instalación de retenes con personas armadas en los ingresos principales. Estos puestos de vigilancia interrogan a cualquier vehículo que intente transitar por la zona, limitando el paso de los legítimos propietarios y bloqueando el ingreso de inspectores o proveedores.
Este control férreo de los caminos internos garantiza la impunidad para el movimiento de maquinaria pesada y la circulación de vehículos sin identificación oficial dentro de los límites de las fincas afectadas.
Explotación forestal clandestina y robo de ganado
El objetivo económico detrás de estas usurpaciones se sostiene mediante la extracción sistemática y sin autorización de especies protegidas del monte nativo, con predominio de ejemplares como el quebracho colorado y blanco. Los rollos de madera y los postes extraídos son acopiados y cargados sigilosamente en camiones durante la noche para ser trasladados con rapidez hacia la vecina provincia de Santiago del Estero, evadiendo los escasos controles fiscales.
En paralelo, las bandas operan un circuito consolidado de abigeato, arreando y faenando ganado vacuno de los campos linderos para su comercialización clandestina en mercados informales de la región. En procedimientos realizados por la Justicia en fincas como Santa Rita, en la zona de Talavera, los efectivos policiales secuestraron armas de fuego, motosierras, hachas y herramientas de comunicación satelital, además de constatar condiciones de extrema precariedad laboral entre los operarios contratados por la red delictiva.