Rothbard era un autor completamente ignoto en Argentina hasta que Milei lo puso en la agenda discursiva de la política nacional. Recién ahí conocimos varias de sus ideas más afiebradas, pero sobre todo una que describe con claridad la debilidad conceptual, lógica e intelectual de todo el movimiento argentino que se reclama libertario: el populismo de derecha.

Vale aclarar algunas categorías de las ciencias sociales, en particular de la politología. El populismo es el populismo: no tiene clivaje de izquierda o de derecha. Es, básicamente, la relación directa entre el líder mesiánico —el autócrata— y su pueblo, sin intermediarios incómodos de por medio. Que ese líder tome medidas tradicionalmente asociadas a la derecha o a la izquierda importa poco. El populismo es la institucionalización de la demagogia. Los 5.000 dólares de Trump a los votantes son un ejemplo perfecto.

El wokismo fue y es una de las máximas aberraciones políticas e ideológicas del siglo XXI, con su autoritarismo moral y su corrección política autoritaria. Pero vamos camino a admitir que el remedio resultó peor que la enfermedad: esta ola de brutalidad y crueldad de las nuevas derechas mundiales.

Líderes crueles que se jactan de destruir a las minorías indefensas o debilitadas, muchas veces por ese mismo Estado que prometían hacer desaparecer. Es el caso de Milei en Argentina: el ajuste sobre los jubilados, su obsesión denigrante hacia las personas con discapacidad y sus familias, y el hostigamiento al periodismo que no se alinea. El discurso de la libertad se convierte, en la práctica, en un instrumento para legitimar el agravio, el recorte y la exclusión.


Diego Díaz es la firma con la que TendenciasX publica sus columnas de análisis político, con foco en el debate ideológico argentino e internacional.