El Gobierno avanzó con el proceso para concesionar la emblemática línea ferroviaria por medio siglo. El plan oficial busca inyectar cerca de 1.000 millones de dólares para modernizar la red y transferir la operación al sector privado bajo estrictas condiciones de explotación.


El Gobierno oficializó los lineamientos estratégicos para la privatización del Belgrano Cargas, una de las arterias logísticas más importantes para la producción nacional. La propuesta, que ya circula en los despachos oficiales, establece una concesión operativa por un plazo de 50 años, marcando un cambio radical en el esquema de administración ferroviaria que venía siendo estatal.

El núcleo de la iniciativa gira en torno a un ambicioso programa de inversión estimado en 1.000 millones de dólares. Según se desprende de la "letra chica" del pliego, este capital será destinado principalmente a la renovación de vías, modernización de la señalética y la mejora del material rodante, con el objetivo explícito de incrementar drásticamente la capacidad de carga y reducir los tiempos de tránsito entre las zonas productivas del interior y los puertos de exportación.

La transferencia hacia el sector privado no es absoluta, sino que se plantea bajo un modelo de concesión integral donde el Estado mantiene la propiedad de la infraestructura, pero cede la gestión comercial y el mantenimiento operativo a operadores privados. Esta modalidad busca despejar las dudas sobre el financiamiento a largo plazo, trasladando el riesgo económico del mantenimiento operativo a las empresas interesadas.

Desde la Secretaría de Transporte y las carteras económicas sostienen que esta medida es indispensable para bajar los costos logísticos del país, que históricamente han sido una carga para las exportaciones agroindustriales y las manufacturas regionales. Sin embargo, la extensión del plazo de la concesión ya ha generado las primeras voces de alerta entre especialistas del sector ferroviario, quienes advierten sobre la necesidad de establecer mecanismos de control estatal robustos para garantizar que los privados cumplan con el cronograma de inversiones prometido en un plazo tan extenso.

Mientras se ultiman los detalles técnicos de la licitación, el mercado local observa con atención el proceso, que será la prueba de fuego para este nuevo esquema de asociaciones público-privadas en sectores estratégicos de infraestructura nacional.