Un relevamiento privado de Scentia expone que las compras en supermercados y autoservicios volvieron a retroceder en el octavo mes del año, profundizando un ciclo recesivo que golpea con fuerza tanto a los grandes centros urbanos como al interior del país.

El termómetro del consumo cotidiano sigue sin encontrar piso. De acuerdo con el último informe elaborado por la consultora Scentia, el consumo masivo registró una nueva retracción durante agosto, encadenando de este modo nueve meses consecutivos en terreno negativo. La merma en el volumen de ventas refleja que las familias continúan restringiendo sus compras a lo estrictamente esencial, ajustando presupuestos frente a la pérdida de poder adquisitivo acumulada.

Radiografía del retroceso: canales de venta y diferencias regionales
El análisis detallado de los datos sectoriales permite desglosar cómo impacta la contracción en los distintos formatos comerciales y geografías:

Supermercados versus autoservicios independientes: La caída interanual se sostiene de manera transversal, aunque los comercios de proximidad y los autoservicios barriales acusan en muchos casos golpes más acusados debido a la migración de los consumidores hacia opciones de segundas marcas, promociones bancarias o compras mayoristas.

Canasta básica bajo presión: Los rubros de alimentos, bebidas sin alcohol, artículos de limpieza y productos de higiene personal continúan liderando las postergaciones de compra, registrando descensos generalizados en las unidades comercializadas por ticket.

Brecha entre el AMBA y el interior: Mientras que en los grandes aglomerados urbanos el consumo muestra leves oscilaciones mes a mes vinculadas a la irrupción de ofertas puntuales, las economías del interior del país reflejan un enfriamiento más homogéneo y sostenido.

Un escenario recesivo sin señales de rebote rápido
La persistencia de esta tendencia negativa interrumpe cualquier expectativa de un repunte en forma de "V" para el segundo semestre del año. Los analistas económicos advierten que, a pesar de la desaceleración inflacionaria en ciertos rubros, la recomposición de los ingresos reales marcha a un ritmo inferior al de los incrementos de tarifas y servicios básicos, lo que deja a los hogares sin margen para recuperar volumen en sus changuitos de compras.