Un referéndum previsto para septiembre podría redefinir uno de los principios centrales de la política exterior suiza. La discusión gira en torno a una pregunta que va más allá del país alpino: qué significa ser neutral en un mundo marcado por guerras, sanciones económicas y alianzas internacionales.
Un país neutral ante una decisión que puede cambiar su relación con el mundo
Suiza construyó durante más de dos siglos una imagen internacional asociada a una idea aparentemente simple: mantenerse al margen de las guerras. Sin embargo, el 27 de septiembre de 2026, los votantes del país deberán decidir cómo interpretar ese principio en el futuro.
La llamada Iniciativa de Neutralidad propone incorporar a la Constitución una definición más estricta de la posición suiza. La cuestión no es si el país seguirá siendo neutral —algo que incluso sus detractores y el propio Gobierno defienden—, sino cuánto margen debería tener Berna para reaccionar ante conflictos internacionales.
La diferencia puede parecer jurídica, pero sus consecuencias serían políticas. La iniciativa limitaría la cooperación con alianzas militares y restringiría la posibilidad de aplicar sanciones contra Estados involucrados en una guerra, salvo en determinados casos, como las medidas aprobadas por Naciones Unidas.
Una neutralidad con nuevas reglas
La propuesta plantea que la neutralidad suiza sea definida expresamente como perpetua y armada. También impediría al país ingresar en alianzas militares o de defensa y limitaría la cooperación con este tipo de organizaciones, excepto en situaciones en las que Suiza fuera atacada o enfrentara una amenaza militar inminente.
En la práctica, uno de los aspectos más sensibles es el relacionado con las sanciones. Actualmente, Suiza puede decidir adoptar medidas económicas aprobadas por otras organizaciones o Estados cuando considera que hacerlo responde a sus intereses y a su política exterior.
Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, por ejemplo, el Gobierno suizo adoptó gran parte de las sanciones impuestas por la Unión Europea contra Moscú. Según la iniciativa que será sometida a votación, esa posibilidad quedaría considerablemente restringida: Suiza no podría imponer sanciones a Estados beligerantes, salvo las aprobadas por la ONU o las destinadas a evitar que se eludan sanciones existentes.
Ese cambio ha convertido al referéndum en un debate sobre algo más amplio que una modificación constitucional. Para sus críticos, la propuesta podría reducir la capacidad del país para responder ante una crisis internacional. Para sus defensores, en cambio, serviría para impedir que la neutralidad sea reinterpretada según las circunstancias políticas del momento.
Un principio histórico, pero adaptable
La neutralidad forma parte de la identidad política suiza desde hace generaciones. Su reconocimiento internacional se remonta a 1815 y su presencia en la Constitución federal tiene una larga trayectoria. Sin embargo, la manera en que Suiza aplica ese principio no ha permanecido completamente inmóvil.
El país no participa en guerras entre terceros Estados ni pertenece a una alianza militar como la OTAN. Pero eso no ha impedido que mantenga distintas formas de cooperación internacional en materia de seguridad.
Tampoco la neutralidad ha significado históricamente que Suiza deba permanecer indiferente ante todos los acontecimientos políticos o económicos del mundo. La posibilidad de adoptar sanciones, establecer relaciones diplomáticas o participar en determinados mecanismos internacionales ha formado parte del margen de acción de sus autoridades.
Precisamente esa flexibilidad es el centro de la disputa actual. El Gobierno suizo considera que la capacidad de adaptar la política de neutralidad a nuevas circunstancias ha sido una de las razones de su permanencia. La iniciativa, por el contrario, busca fijar límites constitucionales más claros y reducir la capacidad de interpretación de las autoridades.
El Gobierno y el Parlamento, en contra
El Consejo Federal y el Parlamento suizos se han pronunciado contra la iniciativa. Su argumento principal es que el país ya es neutral y que no necesita una nueva definición constitucional que limite su margen de maniobra.
El Ejecutivo sostiene que la propuesta impondría una interpretación demasiado rígida y podría afectar los intereses del país, especialmente en materia de seguridad y política exterior. Desde su perspectiva, la neutralidad no está en peligro; lo que está en discusión es la capacidad de Suiza para decidir cómo aplicarla frente a circunstancias cambiantes.
Quienes respaldan la iniciativa sostienen una visión diferente. Consideran que las decisiones adoptadas en los últimos años, en particular la adhesión a gran parte de las sanciones europeas contra Rusia, han alejado a Suiza de una neutralidad estricta.
Su objetivo es impedir que futuras presiones internacionales lleven al país a tomar posiciones que, según sus promotores, puedan comprometer su papel tradicional como actor independiente y mediador.
Ucrania y Rusia, en el centro del debate
Aunque la propuesta tiene implicaciones que van mucho más allá de un conflicto concreto, la guerra en Ucrania ha acelerado la discusión.
La decisión de Suiza de adoptar gran parte de las sanciones de la Unión Europea contra Rusia abrió un debate interno sobre los límites entre la neutralidad militar y la posición política o económica frente a una guerra.
Para el Gobierno, adoptar sanciones no implica abandonar la neutralidad. Las autoridades suizas han sostenido que el derecho de neutralidad permite este tipo de medidas, siempre que se respeten determinadas obligaciones relacionadas con el conflicto armado.
Los partidarios de una interpretación más estricta, en cambio, consideran que las sanciones económicas pueden convertir al país en parte de una confrontación política y reducir su credibilidad como mediador.
Por eso, la votación de septiembre tendrá una dimensión internacional. Una eventual aprobación podría obligar a revisar la forma en que Suiza responde a futuras guerras, crisis diplomáticas o violaciones del derecho internacional.
La pregunta detrás del referéndum
El 27 de septiembre, los suizos no decidirán si abandonan la neutralidad. El debate es, en realidad, sobre dos modelos diferentes para preservarla.
Uno defiende la práctica actual: mantener el principio histórico de neutralidad, pero permitir que el Gobierno y el Parlamento conserven capacidad de adaptación ante nuevas amenazas y conflictos.
El otro busca establecer una definición mucho más estricta y limitar explícitamente la cooperación militar y la utilización de sanciones.
El resultado determinará qué visión se impone. Y en una Europa transformada por la guerra de Ucrania y por el aumento de las tensiones entre bloques, la discusión suiza adquiere una importancia que supera ampliamente sus fronteras.
La pregunta final será si la mejor manera de proteger una tradición de más de dos siglos consiste en adaptarla a un mundo diferente o fijar sus límites con mayor rigidez para impedir que cambie con él.