Para los poco informados, el nombre de Cerimedo puede no resonar por ningún lado. Para los híper politizados e informados, Cerimedo es un viejo conocido que nos retrotrae a lo peor…

Foto: U.S. Department of State / Wikimedia Commons (Public domain)
Para los poco informados, el nombre de Cerimedo puede no resonar por ningún lado. Para los híper politizados e informados, Cerimedo es un viejo conocido que nos retrotrae a lo peor de nuestra memoria política.
El armador de los farms de haters de Milei. Un pionero del odio. La tarea de Cerimedo en los albores de Milei era juntar unos cuantos tuiteros reconocidos (algunos de ellos persisten en el gobierno hoy con cargos oficiales. Uno de ellos era Spagnuolo) y los mandaba a pegar lo más bajo del cinturón que se pueda.
X antes tuiter, siempre se distinguió por ser el ring digital donde casi todo valía entre kirchneristas y anti K. Pero ese casi era importante. Cerimedo vino a barrer ese casi para siempre. Si tenías un hijo con síndrome de Down, los haters iban a caer sin asco sobre tu hijo "mogólico", hacerle una página web o perfil especial, culpar a los padre por esta eventualidad. Lo mismo con autistas gays, etc. No había dolencia,, carencia, enfermedad que fuese respetada.
Para esto introdujo una innovación que también borró los límites del ring anterior: el doxeo. Hackear redes sociales de usuarios anónimos, sacarlos de ese anonimato y caerles encima con cada cosa, cada foto que se pudiera extraer de su intimidad.
Esto lo implementó en Brasil con Bolsonaro, en Argentina con Milei y ahora que está de caravana, en una nueva faceta suya, con Julietas, Natalias y Wandas, en el hermano país de Bolivia.
Siempre se supo de sus nexos con la SIDE que tenía en la Argentina, necesarios para romper con barreras de seguridad digital pero nunca había escalado, que se sepa, a la agresión física.
Evidentemente en Bolivia desbloqueó nuevos niveles de infra humanidad.