El Gobierno vivió en París su semana más fotogénica. Al mismo tiempo, el riesgo país tocó su máximo del año, el empleo formal siguió cayendo y hasta la Iglesia pidió bajar el tono. Dos pantallas para un mismo país.

Hay semanas que se explican con una sola imagen. Esta tuvo dos, y no se parecen en nada.

La primera es una postal: Javier Milei en París, rodeado de trece gobernadores, ministros, empresarios y fondos de inversión, en una "Argentina Week" que el Gobierno cerró con anuncios por 27.000 millones de dólares. Hubo cenas en la embajada, selfies con el ministro de Economía y hasta una imagen, generada con inteligencia artificial, del Presidente trepado a la Torre Eiffel como King Kong al Empire State. Fue, para el oficialismo, un momento épico.

La segunda imagen no tiene foto. Es un número: 655. Son los puntos básicos en los que cerró el riesgo país el viernes, su valor más alto del año. Sumó 48 puntos en apenas dos días de octubre. Mientras en París se brindaba, en Nueva York los bonos argentinos caían.

Entre esas dos imágenes queda el país real. Y el país real, esta semana, mandó varias señales que conviene leer juntas.

Lo que se dijo en voz baja

La frase más importante de París no se pronunció en un escenario sino en una cena. Según reconstruyó La Nación, frente a los gobernadores, Luis Caputo trazó un diagnóstico crudo del momento económico y pidió cerrar un acuerdo político este mismo mes. No dentro de un año: ahora. El mensaje fue claro: el Gobierno necesita a los aliados más de lo que dice en público.

Horas después, en una charla improvisada con periodistas, el propio Caputo admitió lo que los números venían mostrando: la economía crece, pero a un ritmo menor. Y explicó la suba del riesgo país con dos factores. Uno externo, las tasas récord en Estados Unidos y el precio del petróleo. Otro interno, el temor de los inversores a una vuelta del kirchnerismo.

Es una explicación que tiene parte de verdad y parte de comodidad. Es cierto que el mundo se volvió más hostil para los países emergentes: los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense están en niveles que no se veían hace décadas y el capital se va hacia donde menos riesgo encuentra. Pero también es cierto que el miedo al regreso del kirchnerismo pasó, en pocos meses, de ser "cero" a ser la explicación de casi todo. Cuando un gobierno empieza a usar a su adversario como causa de sus problemas, algo cambió en su relato.

Los gobernadores ya no regalan nada

Los trece mandatarios provinciales que viajaron a Francia volvieron con fotos, pero también con una consigna repetida: "No más promesas". Dieron, según ellos mismos, suficientes pruebas de amor. Ahora quieren acuerdos concretos: obras, fondos, tarifas, cupos. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, empieza esta semana una ronda de reuniones uno por uno para conseguir votos para el presupuesto 2027, el DNU 70 y una reforma política que incluye eliminar las PASO.

La lógica es simple. Los gobernadores también tienen elecciones en 2027. Ninguno quiere atarse a un gobierno que pierde popularidad sin recibir algo a cambio. El apoyo, en la política argentina, nunca fue gratis; lo nuevo es que ahora se cobra por adelantado. Uno de ellos, el catamarqueño Raúl Jalil, lo resumió a su modo en una vereda parisina: "El peronismo tiene que aflojar hasta abril". Traducido: hay tregua, pero tiene fecha de vencimiento.

La reforma que no creó empleo

Mientras tanto, los datos del trabajo cuentan una historia que el discurso oficial evita. Desde la entrada en vigencia de la Ley Bases, en julio de 2024, se perdieron 106.927 empleos registrados en el sector privado, según los datos del sistema previsional. Si se toma todo el período desde la sanción de la Ley Bases y la de Modernización Laboral, el total de empleos registrados perdidos llega a 143.458. La segunda reforma laboral, de marzo de este año, con sus 218 artículos, tampoco logró revertir la tendencia.

El Gobierno celebra que hay más asalariados. Es cierto: el número total creció. Pero el dato que importa es otro. Entre el segundo trimestre de 2024 y el segundo de 2026, la informalidad pasó del 41,4% al 45% de los ocupados. Son cerca de 574.000 trabajadores informales más en los grandes centros urbanos, en apenas dos años. Hay más gente trabajando, pero cada vez más sin recibo de sueldo, sin aportes y sin obra social.

Ese es el tipo de dato que no aparece en una cena en la embajada. Pero aparece en el conurbano, en el comercio de barrio y en la góndola.

La advertencia de los que aplauden

Lo más llamativo de la semana es que las advertencias no vinieron de la oposición. Vinieron de los propios.

En el Coloquio de IDEA, en Mar del Plata, el encuentro anual de los empresarios más grandes del país, Patricia Bullrich pidió "velocidad": que la estabilización llegue más rápido a la actividad y a los hogares. Los ejecutivos, que en su mayoría valoran el rumbo económico, empezaron a hacerse otra pregunta: no si Milei va a ganar en 2027, sino qué Milei llegaría a un segundo mandato. ¿El pragmático que negocia o el dogmático que pelea con todos?

Carlos Melconian, que elogia el orden fiscal y la baja de la inflación, fue más directo: "Este tipo de cambio acelera las quiebras". Su diagnóstico es que las reformas de fondo, la laboral, la impositiva y la remonetización, van lento, y que mientras tanto el dólar barato castiga a la industria y al comercio. Es la misma tensión que venimos señalando: el ancla cambiaria baja la inflación, pero alguien paga el costo, y ese alguien no está en París.

Hasta Luis Lacalle Pou, el expresidente uruguayo invitado estrella del coloquio, dejó una frase que muchos leyeron como un mensaje: "El presidente tiene como deber primario ser factor de unión y no de separación".

La Iglesia también habló

Este domingo, en la misa de cierre de la peregrinación a Luján, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pidió curar "las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal". Dijo que esas heridas "supuran" y "están infectando el corazón del pueblo". Y nombró a quienes hay que abrazar: los jubilados, las personas con discapacidad, los que no tienen trabajo, los que duermen en la calle.

No es un dato menor. En noviembre llega al país el papa León XIV. El Gobierno sabe que esa visita va a poner la cuestión social en el centro de la escena durante días, con una cobertura que ningún acto político puede igualar. Desde el oficialismo dicen que no les preocupa el mensaje del Papa. Puede ser. Pero el tono de la Iglesia ya cambió, y la visita todavía no empezó.

La oposición se despierta

Del otro lado, el peronismo empieza a moverse. Axel Kicillof lanzó su propio espacio con vistas a 2027, con más entusiasmo que programa y con una parte del peronismo enojada por haberse cortado solo. Al mismo tiempo, una decena de dirigentes del PJ viajó a Brasil para acompañar a Lula en las elecciones de este domingo. Buscan algo que hoy no tienen: una referencia, un triunfo ajeno que les devuelva la idea de que se puede volver.

La oposición no tiene, todavía, un proyecto claro. Pero tiene algo que el Gobierno le está regalando: tiempo y argumentos. Cada mes de consumo en baja, cada dato de empleo informal y cada punto de riesgo país son munición para un adversario que hace un año estaba en la lona.

Las dos pantallas

La Argentina vive con dos pantallas encendidas al mismo tiempo. En una se ven inversiones millonarias, gobernadores sonrientes, la Torre Eiffel iluminada y un Presidente convencido de que el mundo lo aplaude. En la otra se ven el riesgo país, la informalidad, las quiebras que preocupan a Melconian y el pedido de la Iglesia de bajar el tono.

Las dos son reales. Las inversiones en minería y energía existen y pueden cambiar el perfil del país en una década. Rio Tinto, por ejemplo, dice que la Argentina es "la piedra angular" de su estrategia global de litio y evalúa invertir mil millones de dólares más en 2027. Eso no es propaganda: es una apuesta concreta. Pero esas inversiones maduran en años, y la paciencia del votante se mide en meses.

El problema no es que el Gobierno mire la primera pantalla. El problema es que parece mirar sólo esa. Y el votante de 2027 no va a votar viendo la Torre Eiffel: va a votar viendo su sueldo, su trabajo y su changuito.

Faltan doce meses para que empiece la campaña en serio. Esta semana, en los hechos, ya empezó. La pregunta ya no es si el modelo funciona en las planillas, sino si llega a tiempo a la calle. París fue una gran foto. La que importa todavía no se sacó.

Fuentes: La Nación, ediciones del 3 y 4 de octubre de 2026 (Argentina Week en París, riesgo país, Coloquio de IDEA, empleo e informalidad, entrevista a Carlos Melconian, peregrinación a Luján, viaje del PJ a Brasil, Rio Tinto).

Foto: Torre Eiffel y puente Alejandro III de noche, Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Lucía Ferrán sigue la economía desde el bolsillo: dólar, consumo, empleo y salarios. Desconfía de las planillas que no se parecen a la calle. Es un seudónimo de la redacción de TendenciasX.